
Metropía es un film del 2009 dirigido por, el para mí desconocido,
Tarik Saleh. Un film sueco que ha recorrido más que nada montones de festivales (entre ellos el Stiges del año pasado) y estrenos en salas de distintos cine clubs (aquí, El Buenos Aires Mon Amour por ejemplo). Decidí que si había un lugar en el cual hablar de este film era justamente acá, en Butacas de luz, porque se destaca principalmente en todo lo que se refiera a su aspecto visual e innovador. Asique si bien aprovecharé a darles la reseña del film, me centraré más que nada en su Director de arte
Martin Hultam.
Ceñidamente diré que el film trata sobre la Europa de 2024 donde ya no existen casi recursos y el continente- y el mundo intuyo- se ha convertido en un desolado paraje donde reina el monopolio y el control. Asemejada a
1984 de George Orwell con el ojo observador del gran hermano a cuestas, los habitantes también están controlados por cámaras, micrófonos y todo lo que se le parezca. Narrativamente el film deja un poco que desear, por momentos se hace pesado y lacónico y por otros apresurado y sucinto dando por sentado detalles que hubieran sido provechosos para desarrollar. No obstante, bajo mi humilde interpretación, es interesante ver cómo todo en conjunto podría ser una alegoría de lo que en su momento significó la Unión Europea para algunos. Y no es gratuito el detalle de que en el film la tecnología del monitorieo hubiese comenzado en el 1990. Un film que como dije, ante todo gusta por su aspecto visual aunque bien vale la pena verlo.

En el Festival internacional de Venecia de 2009, este film ganó el premio "
Future Film festival Digital Award" por
ir en perfecta armonía con la historia. Y los comentarios de la prensa destacaban el trabajo de
Hultamn como si Kafka hubiese pintado la última cena con una ametralladora. Es que estilísticamente podríamos encontrar muchas similitudes, aun cuando se dice que su trabajo para el film estuvo inspirado en las obras de Terry Guilliam, Roy Andersson y Yuri Norshteyn.
Con un trabajo de casi 4 años, algunos personajes se crearon partiendo de gente común, de la

calle, como por ejemplo Roger, el protagonista, quien es el chef de uno de los restaurantes de Estocolmo donde solía comer el equipo técnico o Nina, el personaje femenino, hallada en un puesto de maquillaje de un centro comercial. Las fotos tomadas de cada uno de los personajes fueron alteradas con el Photoshop para darle un estilo particular: cabeza grande, ojos saltones, etc y posteriormente animadas con el Adobe After Effects. Las voces de los personajes cuentan con la participación de
Vicent Gallo, Julliete Lewis y
Alexander Skarsgard, el seductor vampiro de True Blood, Eric, entre otros.
Una especie de mezcla, entonces, entre stop motion y collage artístico que otorga al film una estética hiperrealista fenomenal acompañada de una muy buena fotografía- gracias a
Sesse Lind- y una música acertadísima, obra de
Kristian Bjureby.
En este sentido es asombroso comparar este laborioso trabajo de arte con los personajes cuyos rostros sí fueron tomados de los propios actores para valorar mejor las transformaciones logradas. Veamos por ejemplo a Stefan en la piel de Alexander Skarsgard y al monopólico Ivan Bahn en la de Udo Kier:




En cuanto a los escenarios en los que transcurre la historia, no podría responder mejor a ese ambiente gris donde todos se mueven en masas. Realmente obscura y por momentos asfixiante no presenta momentos de demasiada luminosidad y la ciudad es un conjunto de edificios viejos y derruidos y grises siempre bajo un cielo encapotado que lo oscurece todo aun más. La historia apunta a una Europa toda interconectada por líneas de subterráneo por lo que mitad del film tiene la excusa perfecta para ser aún más lúgubre y desolado.



Esta es una de las películas en las que si bien se habla de su director, Saleh, gratamente el nombre de Hultman no pasará inadvertido gracias a su influjo visual. Un graduado en comunicación visual y ex artista del grafitti que mucho demuestra en este film su creatividad. Asique ya saben, si quieren disfrutar de algo original desde lo visual, no pueden perderse Metropía.